Tangos Cubanos

 

 

 

WOUAOUHHHHH!!!! No words... simply beautifully touching to the point of crying! 

Philippe Priaso (Beau Geste)

 

Tangos Cubanos 2015
Tangos Cubanos is a ballet with 20 dancers commissioned by Danza Contemporanea de Cuba revised in 2016 with two new sections and German subtitles for tour of Southern Germany/Switzerland. The piece through a series of poems in Spanish tells of a romantic encounter through the prism of the harsh living standards in present day Havana.
The dancers are immersed in vast visual panoramas by the German artist Silke Mansholt whereby the dancers movements are clarified and enhanced by the visual elements they are moving through.  A 3D version of the work was also created involving cutting edge shutter vision stereoscopy. A special documentary on the making of the work was commissioned by the British Council with interviews with the company, rehearsal footage and extracts from the live shows
The work was premiered in Havana on 14 Feb 2015 to ecstatic reviews (see below) and has since toured internationally including sold out performances at Bonn Opera House and Bolshoi Festival in Moscow.
The 3D version has been installed in Germany, Spain, Italy and UK.

 

REVIEWS

 

The Formula of Poetry in Dance

By Martha Sanchez (*) PRENSA LATINA, February 20, 2015

If anyone doubts that the arts can mesh fluidly, please run to see Danza Contemporánea de Cuba (DCC). The Scottish choreographer Billy Cowie has found a formula so good, so intense as to confuse the senses. Poetry, painting, poetry, sculpture, poetry, dance, poetry, poetry! Tangos Cubanos has a little of tango and a little of Cuba, but is aimed more at the universal and falls entirely on the sublime. Given this choreography and that company, the viewer has no other choice but to enjoy the beauty of a Rodin influenced kiss and succumb to hypnosis.

Cowie’s own music highlights the poetry of gesture, the text traces patterns, suggests, invokes. From the aesthetic point of view, most of the sections play with cubism and surrealism embracing Apollinaire's vision, an alliance between painting and dance, between the visual arts and the mimetic. This choreography not only elevates the senses but leads the viewer in an ideal journey through a museum of modern art.

Billy Cowie is in the world vanguard where he is known as a pioneer in combining real dancers and others projected in 3D - but working with digital technologies in Cuba is not plain sailing. The technical conditions of the theatres of the island just let us fantasize with traditional lights - not coincidentally for the commissioning of Cuban Tangos the Scottish choreographer was sponsored by the British Council and the Casa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. The Mella Theater of Havana lent their unique stage for this plastic adventure in which artists dance between tables or within the paintings, as if tattooed, with studied lyricism and without excess.

The Argentine Enrique Santos Discepolo, considered one of the greatest poets of tango, defined the genre as a sad thought that is danced. Perhaps this was the single idea captured by the choreographer and composer who also refused to portray easy stereotypes of Cuba. Cowie evaded the cliches that make many Cubans feel outside our own culture and portrayed us as ordinary humans, yes tropical, but citizens of the world.

The alliance between music, dance, literature, costumes, props, lighting, choreography, dancers, flowed like an orchestra. On another work of Cowie a European critic said in 2011: "Everything in the piece is perfect." It would be fair to add that this work achieved that miracle once again.

La fórmula de la poesía en la danza

Si alguien tiene dudas de que las artes puedan ser fluidamente entrelazables, por favor corra a ver a Danza Contemporánea de Cuba (DCC).
El coreógrafo escocés Billy Cowie encontró una fórmula demasiado buena, demasiado intensa para confundir los sentidos. Poesía, pintura, poesía, esculturas, poesía, danza, poesía, poesía!
Tangos cubanos tiene poco de tangos y poco de cubanos, apunta más a lo universal y cae por entero en lo sublime. Ante esta coreografía y esa compañía, al espectador no le queda otro remedio que disfrutar de la belleza de un beso con influjo Rodin y sucumbir a la hipnosis.
La música del propio Cowie remarca la poesía del gesto, el texto traza pautas, sugiere, invoca.
Desde el punto de vista estético, la mayoría de las composiciones juegan con el cubismo y transitan al surrealismo pues logran la visión de Apollinaire, una alianza entre la pintura y la danza, entre las artes plásticas y las miméticas.
Esta coreografía no solo eleva los sentidos sino que conduce al espectador por un viaje ideal a través de un museo de arte moderno.
Billy Cowie pertenece a la vanguardia, en el mundo se le conoce como un pionero en la combinación de bailarines reales y proyecciones de otros en 3D, pero trabajar con tecnologías digitales en Cuba no es coser y cantar.
Las condiciones técnicas de los teatros de la isla apenas permiten fantasear con las luces tradicionales, no por casualidad para la puesta de Tangos cubanos el coreógrafo escocés contó con el auspicio del British Council y la Casa del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.
El Teatro Mella de La Habana prestó su escenario para la singular aventura plástica en la cual los artistas bailan entre cuadros o dentro de las pinturas, como tatuados por ese destino, con estudiado lirismo y sin caer en excesos.
El argentino Enrique Santos Discépolo, considerado uno de los máximos poetas del tango, definió al género musical como un pensamiento triste que se baila.
Tal vez esta fuera la única idea captada por el coreógrafo y compositor que igualmente se resistió a plasmar lo elemental de la cubanía, el icono fácil siempre expuesto.
Cowie eludió los cuños que nos hacen sentir a muchos cubanos y cubanas ajenos a nuestra propia cultura y nos retrató cual humanos comunes, sí tropicales, pero ciudadanos del mundo.
La alianza entre música, danza, literatura, vestuario, escenografía, luces, coreografía, bailarines, fluyó como una orquesta.
Sobre otra obra de Cowie un crítico europeo dijo en 2011: “todo en la pieza es perfecto”. Sería justo añadir que consiguió ese milagro más de una vez.

 

For Total Dance

Pedro Ángel • La Habana, Cuba • 21 Feb 2015

It takes ten events, short, simple, like photos, seemingly inauspicious to provide an epic axis to the great work before us ... They are memories, evocations of Havana referenced in a form so that arguably almost nothing happens, no more  so than in life.  In Tangos Cubanos Billy Cowie is brought to us as a poet of deep suggestion, his work moves through a world of subtleties, enjoy the kiss intensified by tied hands, total delight; the enjoyment of sensual legs in a dance that does not allow the movement of bodies, or the nakedness of an erotic foot; an irreverent finger in response to the request for a kiss; the lightness of living; the hint of how life goes on, so silent, the overflowing imagination and tangency with shreds of reality as digested and presented in the vision of the other that is the choreographer’s.

The whole is a ritual of sobriety, it is the delicacy, the economy of means, the symbol open with multiple significant edges, it is to make a voyage to the profundity of the interpretation and then receive it reworked in each passage, at all moments. How does Billy Cowie create such a tenuous atmosphere in a sea of twenty thrilling dancers naturally adjusting their sonorities to that, so lyrical and slightly ringing?

It is the feat of a total master, with a well-defined individual voice in a moving spectacle. But if there is the clear expertise of the choreographer, one can not stop also praising the visual design of Silke Mansholt, costumes, Holly Murray and lights, Fernando Alonso; all in full harmony with the work.

Por la danza total

Pedro Ángel • La Habana, Cuba
A punto de cumplirse 55 años de la función inaugural de la compañía grande de la danza cubana, entiéndase moderna, contemporánea y aún más, Danza Contemporánea de Cuba acaba de entregar al público habanero, en el teatro de la Calle Línea, una tríada de creaciones diferentes entre sí pero con el común de mostrar el supraestilo que viene forjando desde hace años, tendiente a un modo total de hacer la danza. Dos estrenos mundiales Tangos cubanos, del británico Billy Cowie, y Retorno, del cubano Alexis Zanetti; junto a la reposición de Reversible, reciente creación de la coreógrafa colombo-belga Annabell López Ochoa.

 
Voy a contarte una historia
En una decena de acontecimientos, breves, sencillos, como fotos, aparentemente poco propicios para dotar de un eje épico a la gran obra que se nos presenta… Son recuerdos, evocaciones de La Habana referidos de forma tal que casi podría decirse que no pasa nada, no es más que la vida. [1] Es que Billy Cowie en Tangos cubanos  se entrega como un poeta de la profunda sugerencia, su obra se desplaza por un universo de sutilizas, el disfrute del beso intensificado por las manos atadas, el deleite pleno; el goce de unas piernas sensuales en una danza que no permite el desplazamiento de los cuerpos, ni la desnudez del erótico pie; la respuesta del dedo irreverente ante la solicitud de un beso; la levedad del vivir; la insinuación de como se pasa la vida, tan callando [2], la imaginación desbordada y su tangencia con jirones de una realidad tan nuestra digerida y presentada en la visión de ese otro que es el coreógrafo.
Es todo un ritual de la sobriedad, es la delicadeza,  la economía de medios, el símbolo abierto con múltiples aristas significativas, es el hacer un viaje al profundis del intérprete para luego recibirlo reelaborado en cada pasaje, en cada momento. ¿Cómo logra Billy Cowie tal tenue atmósfera en un mar de 20 bailarines trepidantes por naturaleza que ajustan sus sonoridades a ese,  tan lírico y leve tañido?
Es la hazaña de un maestro en plenitud, de una voz propia bien definida, en un espectáculo conmovedor. Pero si hay una clara pericia del coreógrafo, no puede dejar de elogiarse el diseño visual, de Silke Manshol, el vestuario, de Holly Murria y el trabajo de luces, de Fernando Alonso; en plena armonía con la obra.
Y luego de disfrutar tal pieza, encaminada hacia lo más atrevido del arte de nuestros días, el cronista desea interesarse por los asuntos de la estructura y se pregunta: — ¿Qué ocurriría si probásemos a alterar el orden de los pasajes? ¿Lo resistiría la obra? Es probable que si, para ser, tal vez, una obra y otras muchas más en un surtidor de significados… ¿probamos?

 

Tangos Cubanos; the symmetrical kiss of Billy Cowie


Andrés D. Abreu 
La Jiribilla, 21 Feb 2015

They are kissing each other, deeply and symmetrically, libidinously undulating, moving, dancing even, dancing to the bars of a tango music. Billy Cowie, musician, poet and choreographer, had to come to sublimate this contextual kiss, this everyday street life of XXI century Cuba in his choreography Tangos premiered at the Teatro Mella with the company Danza Contemporanea de Cuba; poetizing with precise phrase (spoken or danced) these ways to seduce another, even a stranger, and recreate graciously drinking a clear beer, without opportunistic Cosumbrismos or false modesty. Cowie rediscovered a precise dynamic model in which the spectacular dancing body which does not overflow and is faithful to certain informal freedoms and turned that to the established uniformity in the current Cuban identity struggles, without ever leaving the more hispid half of the island.

Sequence by sequence between a softly resounding, almost erotic offstage text with a Castilian musical pronunciation and projected in English on the black background of the stage, Cowie choreographed a series of geometric group combinations where exact repetition became the algorithm provoking the rigor. Less programmatic especially in the duets, the British artist was referring to a plausible Havana, hard and nostalgic, romantic and vulgar life experiences, dotted as printed graphic on the costumes and fully reinforced in the expressionist drawings projected on the entire width of the stage. The dance told tense and dramatic stories, more modern than contemporary as a tango, concrete, somewhat contained with even repressed moments, sensual, worldly talking about hunger, and even tenderly too, the fruit of English romanticism obviously upset by these love stories in Havana today that are more than ever marked by no happy ending.

Tangos Cubanos is a highly respectable intercultural creation, evidence of a chivalrous sensitivity with give and take to the other. A piece to remember the good synthesized making and to remind us of that which we carry beyond any social border. This is the third Tango of Billy (before he choreographed Tango de Soledad as a 3D installation and Tango Brazileiro as a dance video) and on the night of its premiere at the Teatro Mella I do not remember anything else after she turned her multiple backs without looking back at the five who were ready to fly.

 

Tangos Cubanos: el beso simétrico de Billy Cowie


Andrés D. Abreu • La Habana, Cuba
 
Ellos besándose profunda y simétricamente, libidinosamente meneándose, moviéndose, bailando tal vez, danzando los campases de una música tanguera.  Tuvo que venir el inglés Billy Cowie, músico, poeta y coreógrafo, a sublimarnos ese beso contextual, callejero y cotidiano del siglo XXI en su coreografía Tangos Cubanos, estrenada sobre la escena del Teatro Mella con la compañía Danza Contemporánea de Cuba; poetizar con la frase precisa (dicha o danzada) esas maneras de seducir al otro, extraño incluso, y recrearnos con gentileza hasta tomándonos una cerveza clara, sin costumbrismos oportunistas ni falsos recatos. Cowie reencontró un modelo dinámico preciso para que el cuerpo danzario espectacular que no se desbordara y fuera fiel a cierta libertad informalista y obedeciera a su vez a esa uniformidad instituida en que se debate la identidad  del cubano actual, mucho más global aún sin salir a veces del más híspido entramado de la Isla.
Secuencia a secuencia entre un texto dulcemente rotundo, casi erótico en un pronunciar musical del castellano en off y proyectado en inglés sobre el fondo negro del escenario, Cowie coreografió una serie de combinaciones grupales muy geométricas donde la reiteración exacta devino algoritmo de provocación al rigor. Menos programático sobre todo en los duetos, el artista británico fue refiriendo verosímiles experiencias vivenciales habaneras, duras y nostálgicas, amorosas y soeces, bien salpicadas como gráfica impresa sobre el vestuario y reforzada a plenitud en esos dibujos  expresionistas proyectados a todo ancho de escenografía. La danza fue narrando tensa y dramática, más moderna que contemporánea como un tango, concreta en cierto modo, contenida y hasta reprimida en instantes, coral, sensual,  mundana para hablar de hambres, y hasta enternecida también, fruto de un romanticismo inglés evidentemente trastocado por esas historias de amor que en  La Habana de hoy están más que nunca marcadas para un final no feliz.

Tangos cubanos es una respetabilísima creación intercultural, la evidencia de una sensibilidad caballerosa a la hora de dar y tomar del otro. Una pieza para recordar el buen hacer sintético y depurado y recordarnos el hondo ser que portamos más allá de cualquier frontera social. Es este el tercer tango de Billy (antes coreografió Tango de Soledad como un pieza en 3D y Tango Brasilero como una videodanza) y en la noche de su estreno en el Teatro Mella no sé debió bailar ninguna otra cosa después que ella multiplicada volviera la espalda sin mirar atrás mientras que los cinco él se dispusieran a volar.

 

 

Cuban Tangos, the poetry in the dance of Billy Cowie


Roberto Medina • Havana, Cuba
lajiribilla@lajiribilla.cu

Tangos Cubanos is a beautiful visual and sound poem about a vanished love that persists in the sweet and melancholic memory with the sadness of a past happiness. Narrated orally with intensity, it is established in the mental space of the evoked, but without sentimentality, because the sad stories of love are those that have already ended. They do not sadden as they travel as present. They only turn out that way when they become past.
The piece by the British choreographer Billy Cowie has been mounted with the Compañía Danza Contemporánea de Cuba as part of the close working relationship of that institution with the British Council. This is a structured work by means of a harmonic system of all its elements, organized in several subsystems: the dancing one, the one of the plastic visuality (scenography, costumes), the sonorous one and the literary one.
At the same time there are three interacting discourse levels: the dance, the oral story and the graphic story. They are the three semantic layers intertwined in the same sad story: the one danced by the performers, the one told in words and the one referred to in the scenographic design. The way of relating it is of literary origin, recognizable in the fragmentation of the scenes, separated as pictures in succession. They begin with the theater in the dark listening to the narrative, which is responsible for giving the situational and temporal context of the action. When the voice stops, the stage lights up in each painting, the dancers are seen and the background reproduces the selected image to accompany them.
It has been a constant concern of Cowie in his career as a choreographer, composer and video maker, to perceive a marked separation between the dancers and the audience. He has tried to surpass it on a subjective level, intensifying the power of the gaze towards the spectacle in order to stimulate in the observer a sensory attraction (visual and auditory), capable of awakening from its seats the desire to penetrate the events, to follow the represented drama, of getting involved, of feeling immersed in the three-dimensional space where these events take place.
The visual subsystem of the stage design is by the experienced German designer Silke Mansholt, who understands art as an interdisciplinary process, evident in its varied formation and in its way of realization. Mansholt has directed, written, made performances, designed and choreographed for videos in England, where she has been living for 20 years. She has also accompanied Cowie in his work since 2010. Since then the two form a team of very integrated creators. The ensemble performances are distinguished by a unified dance and set design. This shared vocation has led them to establish knotted structures among the various components of creation, for which they are assisted by virtual plastic techniques and procedures that have made both of them famous in Europe.
In the virtual scenography of Cuban Tangos, Mansholt has appropriated a loose and modern way of drawing, influenced her treatment of silhouettes in ways of cultured art inspired by street graffiti. It assumes the synthetic figuration - apparently neglected - executed in a fast and emotional way, to suggest the different dramatic moments. This plastic expression of the decor is conditioned by being street and populous places where lovers meet, and also, never to pretend to become an exceptional story, susceptible to being traversed in their lives by many people.
The drawings projected in video appear on a wide screen as a backdrop. The figures with a thin line or strongly expressionist bear the evident imprint of graffiti, of which it incorporates its peculiar grey and dark tones and the common atmospheres. Sometimes it applies some touches of colour that enliven the figures.
Those beautiful spellings of the background do not show any halo of romanticism and softness in the images, they have a certain hurtful touch because what is told is still cutting. In spite of that, or perhaps for that very reason, it is of an impressive beauty. With a high power of attraction, they do not frame the situations presented in the simple illustration of events: they speak narratively by themselves and have a life of their own. The discourses of dance and stage design, however, do not follow separate paths, but interlock with each other. They have, however, a sharp visual independence, an autonomy in the authenticity of their respective forms of expression, stimulating in their complementation the expansion of the senses they generate.
The lines of the drawings projected on the background of the stage spatially spill through their video projection and bathe the dancers as they move in their executions, creating the effect of a different body density, the illusion of a three-dimensional environment. It is the figurative representation of being the dancers immersed within that network of lines, symbol of being the characters emotionally attached to those events of the past, denied to let them disappear, to get away from the memories of a lived happiness.
The remarkable power of seduction exercised as a whole in the viewer promotes a feeling of abandonment, of letting oneself get carried away emotionally. That attraction also makes us feel trapped; without being able or willing to leave, as often happens in dreams where there is no possibility of escape. This logic of dreams is present in the conception of this dance piece. It is not just the operation of the memory. It really moves on a border, bordering between the two.
The subsystem of costume design is by Holly Murray, who reproduces the graffiti style of the set. His figurations applied to the dresses and shirts contribute to a greater visual integration, foreseeing, in addition, to achieve the effect that the drawings of the clothes can be animated with the evolutions of the dancers, as if they were in charge of bringing the characters to life plotted in each one, in representative allusion of crowds. Murray thus seals the systemic unification between the different discursive levels in the conception of the setting, makes them march in a unanimous way, each fulfilling its role in correlation with the others.
The narrative subsystem associated with the dramatic structure is recited by the Spanish video maker and performer Clara García Fraile. The introduction of the spoken word confers in the cadenced and melodic sonority a preamble of enhancement to the poetic dimension of the images that will come next. Her artistic skill in moulding the sonorities of the words insufflates an air of whisper to the lamentations of the soul, in full correspondence with the musical score, to establish communication with the audience, shaking them, inducing them to interact emotionally with the fictional.
The sound subsystem is notable for the musical beauty of the ripped and plaintive sound of the violin, an instrument always associated with the sad, the melancholic, the sweetly painful moans of the soul. It is interpreted with dexterity by a young Japanese violinist, international laureate, Tadsuke Ijima. As will be appreciated, this is an interdisciplinary teamwork of international origin.
Of the dance subsystem, the sensuality in Cowie - a constant used in other works of his - represents a demand for this story. His way of doing this is unusual. The movements are soft, lethargic, almost imperceptible. They create a rarefied atmosphere that denotes a feature of elegance and stylistic refinement, seeking to approach the slowed rhythm of dreams. The movements are markedly minimal to be reduced to small movements, almost minimalist, of the arms and hands. The rest of the body, including the legs, keep a smaller role to serve rather support and balance, without acquiring the high relief that usually these parties have had in numerous contemporary choreographies. In this sense, the corporal delivery of the protagonist lovers in the sensory enjoyment of a kiss, without the intervention of another part of the body, is one of the most outstanding passages.
The choreography conceptually enjoys contrast and reconciles two separate sides, two opposing forces, attracting themselves willingly: the feminine and the masculine. The feminine is so powerfully seductive that it can even dominate the body and the will of men, managed as a magical effect by the action at a distance from their hands, visible in one of the passages of the work. Reciprocally, the masculine snatches and seduces the feminine, provoking her with tenuous gestures, reciprocated in bodily dialogue between the two rows separated by gender. It is a mutual struggle of alternating strengths and challenges, acting as flows in circulation that go from one place to another.
In particular, one of the most ravishing scenes of beauty is the isolated couple of lovers where she exercises a subtle, provocative influence over him with the subtle handling of her legs. It is a tempting game, a tasty battle in the interaction of anxiously desiring bodies. Although here it resorts to a leading couple, its multiplication into several - staged in other moments - expands the story, going beyond the singularity to become allusive to a possible and frequent way of happening, highlighting many other love encounters and their definite disagreements. A dramatic segment the story carefully beyond the literary. It is not only the success of the events reflected. It is to show through them the dripping of the conscience that emerges in a fragmentary way the most persistent passages, that resist to disappear, they are activated and unfold before the observer, and they are reproduced later in the emotional and sensory impression of the assistants. Art is the poetic way to recover them and deliver them to others. Or as Cowie says in the script for Tangos Cubanos: “This city, this bus stop, this kiss for the first time, this emptiness. It should have gone slowly. A kiss enough to reach the necessary escape and deliver it to art “.

 

Tangos cubanos, la poesía en la danza de Billy Cowie

 

Fotos: Kike

Tangos Cubanos es un hermoso poema visual y sonoro acerca de un amor desaparecido, que persiste en el dulce y melancólico recuerdo con la tristeza de una pasada felicidad. Narrado oralmente con intensidad, se instaura en el espacio mental de lo evocado, pero sin sentimentalismo, porque las historias tristes de amor son las que ya terminaron. No entristecen mientras transitan como presente. Solo resultan así cuando se convierten en pasado.

La pieza del coreógrafo británico Billy Cowie ha sido montada con la Compañía Danza Contemporánea de Cuba como parte de las estrechas relaciones de trabajo de esa institución con el British Council. Esta es una obra estructurada mediante un sistema armónico de todos sus elementos, organizados en varios subsistemas: el danzario, el de la visualidad plástica (escenografía, vestuario), el sonoro y el literario.

A su vez hay tres niveles discursivos interactuantes: el danzario, el relato oral y el relato graficado. Son las tres capas semánticas entrecruzadas de una misma historia triste: la bailada por los intérpretes, la contada en palabras y la referida en el diseño escenográfico. La manera de relatarlo es de procedencia literaria, reconocible en la fragmentación de las escenas, separadas como cuadros en sucesión. Se inician con el teatro a oscuras para escuchar lo narrado, que se encarga de dar el contexto situacional y temporal de la acción. Al cesar la voz, el escenario se ilumina en cada cuadro, se ven los bailarines que intervienen y el fondo reproduce la imagen seleccionada para acompañarlos.


Tangos cubanos, de Billy Cowie, en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
 

Ha sido una constante preocupación de Cowie en su carrera de coreógrafo, compositor y realizador de videos, percibir una acentuada separación entre los bailarines y el público. Ha pretendido rebasarla a nivel subjetivo, intensificando el poder de la mirada hacia el espectáculo con el fin de estimular en el observador una atracción sensorial (visual y auditiva), capaz de despertarle desde sus asientos el deseo de penetrar en los sucesos, de seguir el drama representado, de involucrarse, de sentirse inmerso dentro del espacio tridimensional donde transcurren esos hechos.

El subsistema visual del diseño escénico es de la experimentada diseñadora alemana Silke Mansholt, quien entiende el arte como un proceso interdisciplinario, evidente en su variada formación y en su modo de realización. Mansholt ha dirigido, escrito, realizado performances, diseñado y coreografiado para videos en Inglaterra, donde radica desde hace 20 años. Asimismo, ha acompañado a Cowie en su labor desde 2010. Desde entonces los dos conforman un equipo de creadores muy compenetrados. Las puestas realizadas de conjunto se distinguen por integrar de un modo unificado danza y escenografía. Esta vocación compartida les ha llevado a establecer estructuras anudadas entre los diversos componentes de la creación, para lo cual se auxilian de técnicas y procedimientos plásticos virtuales que le han dado fama a ambos en Europa.

En la escenografía virtual de Tangos cubanos, Mansholt se ha apropiado de una manera suelta y moderna del dibujo, influido su tratamiento de siluetas en modos del arte culto inspirado en los grafitis callejeros. Asume la figuración sintética —aparentemente descuidada de estos— ejecutada de una manera rápida y emotiva, para sugerir los diferentes momentos dramáticos. Esta expresión plástica del decorado está condicionada por ser lugares callejeros y populosos donde se realizan los encuentros de los amantes, y además, por no pretender nunca convertirse en una historia excepcional, susceptible de ser atravesada en sus vidas por muchas personas.


Tangos cubanos, de Billy Cowie, en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
 

Aparecen los dibujos proyectados en video en una amplia pantalla a manera de telón de fondo. Las figuras con un fino trazo o fuertemente expresionistas llevan la impronta evidente de los grafitis, de los cuales incorpora sus peculiares tonalidades grises y oscuras y los ambientes comunes. En ocasiones aplica algunos toques de color que avivan las figuras.

Esas hermosas grafías del fondo no muestran halo alguno de romanticismo y blandura en las imágenes, tienen cierto toque hiriente porque lo relatado no deja de ser cortante. A pesar de eso, o tal vez por eso mismo, es de una belleza impresionante. Con un alto poder de atracción, no enmarcan las situaciones presentadas en la simple ilustración de los acontecimientos: discursan narrativamente por sí mismas y poseen una vida propia. Los discursos de la danza y del diseño escénico no siguen, en cambio, caminos separados, sino que se entrelazan mutuamente. Poseen, eso sí, una aguzada independencia visual, una autonomía en la autenticidad de sus respectivas formas de expresión, estimulando en su complementación la ampliación de los sentidos que generan.

Las líneas de los dibujos proyectados sobre el fondo del escenario se derraman espacialmente mediante su proyección en video y bañan a los bailarines al desplazarse en sus ejecuciones, creando el efecto de una densidad corporal diferente, ilusión de un ambiente tridimensional. Es la representación figurativa de encontrarse los danzantes inmersos dentro de esa red de líneas, símbolo de estar los personajes asidos emocionalmente a esos sucesos del pasado, negados a dejarlos desaparecer, a alejarse de los recuerdos de una felicidad vivida.


Tangos cubanos, de Billy Cowie, en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
 

El notable poder de seducción ejercido de conjunto en el espectador promueve una sensación de abandono, de dejarse llevar emocionalmente. Esa atracción nos hace sentir también atrapados; sin poder o querer salir, como ocurre frecuentemente en los sueños donde no hay la posibilidad de escape. Esa lógica de los sueños está presente en la concepción de esta pieza danzaria. No es solo la operación del recuerdo. En verdad se mueve en una frontera, limítrofe entre los dos.

El subsistema del diseño de vestuario es de Hollly Murray, quien reproduce el estilo del grafiti de la escenografía. Sus figuraciones aplicadas sobre los vestidos y las camisas contribuyen a una mayor integración visual, previendo, además, lograr el efecto de que los dibujos de la ropa puedan animarse con las evoluciones de los danzantes, como si se encargaran de hacer cobrar vida a los personajes graficados en cada uno, en alusión representativa de multitudes. Murray sella así la unificación sistémica entre los diferentes niveles discursivos en la concepción de la puesta, los hace marchar de un modo unánime, cada uno cumpliendo su rol en correlación con los demás.

El subsistema narrativo asociado a la estructura dramática es declamado por la realizadora de video y performista española Clara García Fraile. La introducción de la palabra hablada le confiere en la sonoridad cadenciosa y  melódica un preámbulo de realce a la dimensión poética de las imágenes que a continuación vendrán. Su destreza artística en moldear las sonoridades de las palabras insufla un aire de susurro a las lamentaciones del alma, en plena correspondencia con la partitura musical, para establecer la comunicación con el público, estremeciéndolo, induciéndole a interactuar emocionalmente con lo ficcional.

El subsistema sonoro se destaca por la belleza musical del sonido rasgado y quejumbroso del violín, instrumento siempre asociado a lo triste, a lo melancólico, a los quejidos dulcemente dolorosos del alma. Es interpretado con destreza por un joven violinista japonés, laureado internacionalmente, Tadsuke Ijima. Como se apreciará, este es un trabajo en equipo interdisciplinario de una procedencia internacional.


Tangos cubanos, de Billy Cowie, en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
 

Del subsistema danzario, la sensualidad en Cowie —una constante empleada en otras obras suyas—, representa una demanda de este relato. Su manera al respecto es inusual. Los movimientos son suaves, aletargados, casi imperceptibles. Crean una atmósfera enrarecida que denota un rasgo de elegancia y refinamiento estilístico, buscando acercarse al ritmo ralentizado de los sueños. Los movimientos son acentuadamente mínimos al estar reducidos a pequeños desplazamientos, casi minimalistas, de los brazos y las manos. El resto del cuerpo, incluidas las piernas, guardan un papel menor al servir más bien de apoyo y balance, sin adquirir el alto relieve que por lo general esas partes han tenido en numerosas coreografías contemporáneas. En este sentido, la entrega corporal de los amantes protagonistas en el disfrute sensorial de un beso, sin la intervención de otra parte del cuerpo, es uno de los pasajes más sobresalientes.

Lo coreografiado disfruta conceptualmente en contrastar y conciliar dos lados separados, dos fuerzas enfrentadas, atrayéndose gustosamente: el lado femenino y el masculino. Lo femenino es tan poderosamente seductor que puede hasta dominar el cuerpo y la voluntad de los hombres, manejados como efecto mágico por la acción a distancia de las manos de ellas, visible en uno de los pasajes de la obra. Recíprocamente, lo masculino arrebata y seduce a lo femenino, provocándole con gestualidades tenues, reciprocadas en diálogo corporal entre las dos hileras separadas por género. Es una lidia mutua de alternantes fortalezas y desafíos, actuantes como flujos en circulación que van de uno a otro lado.


Tangos cubanos, de Billy Cowie, en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
 

En particular, una de las escenas de belleza más arrobadora es la pareja aislada de amantes donde ella ejerce con el manejo sutil de las piernas una influencia cautivante y provocadora sobre él. Es un juego tentador, una gustosa batalla en la interacción de los cuerpos ansiosamente deseantes. Aunque recurre a una pareja protagónica, su multiplicación en varias — escenificada en otros instantes— sobredimensiona la historia, rebasando la singularidad para hacerse alusiva a una manera posible y frecuente de ocurrir, poniendo de relieve otros muchos encuentros amorosos y sus definitivos desencuentros.

El discurso dramático segmenta cuidadosamente el relato más allá de lo literario. No es únicamente el suceder de los hechos reflejados. Es mostrar a través de ellos el gotear de la conciencia que hace emerger de un modo fragmentario los pasajes más persistentes, que se resisten a desaparecer, se activan y despliegan ante el observador, y se reproducen después en la impresión emocional y sensorial de los asistentes.

El arte es la manera poética de recuperarlos y entregarlos a los demás. O como dice Cowie en el libreto para Tangos Cubanos: “Esta ciudad, esta parada de autobús, este beso por primera vez, este vacío. Debería haberse ido lentamente. Un beso alcanza para alcanzar la fuga necesaria y entregarlo al arte”. 

 

 

 

 

billy cowie home